lunes, 12 de diciembre de 2011

La otredad de la superficialidad

La otredad se perdió, la otredad nunca se tuvo,
la otredad quizá nunca pueble esta humanidad.

Superficial la chica que se preocupa por el cambio climático y sigue encendiendo la luz hasta altas horas de la noche.
Superficial la persona que se burla del otro porque no sabe escribir vaca, la escribe con “b”, mientras ignora que esa persona escribe baca porque… no sé por qué, quizá su hermano estaba muriendo, quizá no tuvo padres, quizá se hizo cargo de su familia, quizá simplemente le dio flojera aprender a escribir Vaca, porque quizá se dio cuenta que saber escribir Vaca no te hace mejor ni peor –bueno, quizá, peor sí–, escribir Vaca no te da humanidad, escribir Vaca con “V” no te hace conocer las manchas de las vacas, escribir Vaca como debe ser no te enseña lo que son las vacas, escribir Vaca con “V” no te hace menos animal que se ese pobre cuadrúpedo que utilizo este momento para llamarte animal. Escribir Vaca y mofarte de quién escribe Baca sólo explaya la insatisfacción que sientes por no poder adquirir un poco de humanidad porque escribir Vaca te hace sentir superior aunque sea en un pedazo de papel que se va a morir pronto o que a nadie le va interesar recordar porque saber escribir Vaca con V muy probablemente no te dé la inmortalidad que estés buscando.
Superficial la persona que no comprende el dolor del otro. Superficial quién siente que su dolor abarca desde la rivera maya hasta el último milímetro de la muralla china.
Superficial la marejada de palabrejas que destruyen a quién se preocupa por sus pantaloncillos abiertamente.
Superficiales todos aquellos que critican sin antes ver que ellos se preocupan por sus pantalones entubados, por parecer Jesucristo crucificado, por traer el peinado de Bon Jovi, por ser “alternativos”. Porque su alternatividad es una cosa superficial que no tiene nada de superficial, al igual que la chica maquillada, la que trae pantalones de marca, la que se ríe y se calla su llanto.
Ambos callan algo en su apariencia.
Maquillaje que tapa las ojeras de un insomnio que te toma del cuello.
Esmalte de uñas que distraen la apariencia de un campo santo mutilado.
Pantalones ajustados que les hacen su personalidad y los encaja en su círculo social.
Ese peinado de Bob Dylan a los 80’s que les ayuda a tapar su cara y sus emociones.
Superficiales aquellas personas que no comprenden el miedo del Otro.
Aquellos que se olvidan de su ser para intentar ser lo que no son para poder criticar el ser del otro, críticar su superficialidad, ellos, ellos sí son superficiales.
Superficial el hombre que se mofa de quién no tiene mujer. Superficial el hombre que no comprende que la mofa del Otro es su ego insatisfecho el que habla.
Superficiales los hombres que se burlan de quien tienen fe sin darse cuenta que ellos tienen fe en nunca tener fe.
Superficial yo que estoy hablando de la superficialidad. Superficial yo que estoy en una otredad que no comprendo.
Hablamos de superficies para no conocer más dolor del que tenemos, para no explotar descubriendo lo que guardan las superficies, lo que callan las “b”, el maquillaje, el esmalte, las pasiones, las burlas, eso es la superficialidad.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Realidad rota de un recuerdo

Cataléptica se queda la vista en el recuerdo
mientras la realidad trota y no es recuerdo
mientras el recuerdo se enreda en la realidad
y la realidad se muere en el recuerdo.

jueves, 20 de octubre de 2011

Lugar común y bien común

Soy común como un cereal con leche,
como una sonrisa fingida en cualquier político,
como una noche imaginada con luna,
como una persona que le gusta el chocolate,
como un corazón dibujado representando algún amor,
como una noche de viernes con alcohol,
como el gatito que maúlla en las noches solitarias,
como la que finge una sonrisa en un concurso de miss universo,
como las lágrimas de un desamor,
como las telarañas guardadas en una esquina,
como una niña que salta entre la lluvia,
como un libro con letras muertas,
como el reflejo en el espejo,
como un pecado en noche santa.

Yo soy común; me gusta el chocolate,
a veces finjo la sonrisa y a veces no.
Soy tan común que me disuelvo en el aire
y en el tiempo.
Tan común que tengo fecha de expiración.
Tan común que tengo dientes en la sonrisa,
común como un bicho que produce asco.
Común como la comezón de un gato con pulgas.

Común como estas letras que se borrarán y dejaran de existir.
Común hasta en la la tristeza.

lunes, 3 de octubre de 2011

Ácido de luna

Se ha muerto la paciencia en cada una de las nuevas cicatrices que aparecen en mi rostro. Sin embargo siento en cada grave palabra el suspiro que intenta salir y cómo se ahoga en la garganta.

La casi terrible necesidad de elevarme de estas tierras llenas de muertos, vivos y espectros, el matiz en mi cara se vuelve cada vez más seco y cubierto por pedazos de estrellas que son, más bien, rocas porosas. Se sentían las estrellas en mis manos y tan sólo unas gotitas luz las incentivan a encenderse. Un buen día se me ocurrió tallarlas, un día de esos en los que no sobra la pasión desbordada de manera sustantivada que sólo aparece para cambiar las cosas. Las tallé hasta que ardieron mis manos.
Hoy, con el aire oxidado en mis mejillas sentí la incontenible necesidad de masticar la luna, de retenerla en mi boca hasta que se derritiera y chorreara de entre mis labios su dolor ocre. Secuestrarla en mi boca; derretida, añejada y desterrada. Con su agudo sabor a piña agria, desbaratándome el paladar; entre seños fruncidos y pedazos de carne. Que me escaldara la lengua y se me quedara en las encías con su asombroso color de sol, desvanecido por el espacio y la soledad.
Justo cuando supe lo que podría hacer traté poseer los silencios, que mis sosas palabras se quedaran entre los sepulcros de los hombres. Tener entre mis manos el silencio, moldearlo, secarlo, morderlo, zarandearlo, hacer que jugara con las palmas estrelladas de mis manos. Tenerme a mí y nada más.
También deseé tener el poder de matar a las ingenuas cucarachas que andan con sus patitas martillándome los oídos, que defecan en mi cerebro, deshacer esas imprudentes que andan haciendo su escalera a las estrellas para pervertirlas, llenarlas de esa “cualidad” tan peculiar; no morir a pesar de que el polvo intente comerlas, su don de supervivencia. Llenarlas de excremento para adecuarlas a sus necesidades.
Y las estrellas que se oscurecen para que esos pequeños seres pseudo-inmortales introduzcan las patas en su núcleo.
Espero que jamás lleguen a hacer una escalera tan grande.

Cambié mis letras por las de alguien más, deje mis monóxidos por intentar suspirar los de alguien más. 

miércoles, 31 de agosto de 2011

Nuevas guadañas...


Es la sangre deslavada corre entre las piedras a causa de unas cuantas balas y algunas gotas que asustadas tratan de ahuyentar el pecado, el cielo se desmaya en la tierra y entre las pasiones ahogadas se esconden los sonidos estridentes, huyen hacia un cuerpo que trata de esconderse debajo de los pulmones, ahí justo donde el aire expira para dar pasó al silencio. Justo al inicio de un silencio inagotable, se deja escuchar el goteo de vida que escapa a chorros, se rompe un silencio e inicia otro, matiza el aire con un sabor a dolor, con un aire que porta espigas de muerte, se escuchan los perros en su monótono llanto, gritos de azufre que parten las paredes, gritos que intentan detener el río, el cauce de delirio brota en los cerros y se instala en las almas que sobreviven.
            Es el estridente rayo que decora el rostro de la muerte, una muerte que ha cambiado su guadaña por un arma más pequeña, rítmica y sonora; con ella va decorando los rincones de las piedras, los tatuajes de las paredes, el coma de los hogares, las luces trémulas de las calles, ahora la muerte ha modificado su antiguo silencio por uno más ruidoso, quieto y mucho más silencioso.

jueves, 4 de agosto de 2011

Llegando a las llagas

Llegando a los labios de ceniza blanda
Llegando a los labios de ceniza blanca
Llegando a los labios de ceniza
Llegando a los labios
Llegando
Llega
Llagando
Llagando los labios
Llagando los labios estoy
Llagando los labios el aire oxidado
Llagando los labios los pensamientos están
Llagando
Llagando
Con estos onirismos
Llegando a los labios gastados
Llagando las venas muertas

Llegando me llagas
Llagando me besas

Llegando brasas me posas
Llagando me desangras

Llegando me quemas
Llagando estás
Llegando despierto
Llagando te vas

Llegando llagas
Llagando llegas

Llegada en llamas me besas
Llagada en llagas me llamas
Llegada en lluvia me mojas
Llagada en llanto me dejaste

jueves, 7 de julio de 2011

Nombres secos, viejos y con sol

Soledad no sabe estar sola.
Soledad grita en agudos.
Soledad se estampa en la pared.
Esa Soledad deja su cráneo en el piso.
Estalla en rayos ultravioletas y queda el eco luminoso en los ojos que gritan por el fuego y la sangre.
Supongo que así son las Soledades y por eso ya no le pondré Soledad a mis perros ni a mi nombre.

lunes, 4 de julio de 2011

Manzana de plasma

Se encontraba recostado en su sillón gozando de su programa favorito y “En el siguiente segmento lo que se dijo de…” y así seguía el televisor diciendo palabras por largo rato. De pronto irrumpió en esa calma una voz que atravesaba las ondas del televisor Lee ésto. Sólo hubo un par de miradas confusas, después de un largo segundo una de las miradas desapareció en el espacio ofuscado Éste quiere que coma de la misma manzana que Eva, ni Adán que fuera.

viernes, 24 de junio de 2011

Sin-fonía

Ven y agita los sonidos que guardan mis caderas
Aguza el oído a las tenues notas que bailan en mi piel
¡Silencio! Que ese recital quiere convertirse en sinfonía
Ven y se el espectador único, haz explotar la música en tus dedos

Calla los silencios pélvicos que no saben de música
Atrapa los sonidos ingenuos entre las curvas del sax
Toca las piezas musicales que yo no conozco
¡Enséñame de música!

Cántame las canciones que yo no sé
Introduce los sonidos lentos en mi cadera
Susurra esas canciones y cántalas de nuevo
Enséñame a cantar que yo también quiero cantar

¡Silencio! Deja que los sonidos se escuchen
Que los sonidos bailen en las paredes del teatro
Y nuestras manos nos deleiten en una sinfonía

Lentas, silenciosas, e inquietas, bailaran en el teatro
las notas invisibles, sensuales y sonoras
Rítmicas, embelesadas y juguetonas

¡Silencio! Ellas derrumbaran el teatro
Y que la sinfonía siga nuestro ritmo
Y culmine con el estruendo en nuestras espaldas
Y con el ruido en nuestras bocas

domingo, 8 de mayo de 2011

Recital (vocalización)

                ...Traigo la poesía en la lengua, cállate, que me vas a escuchar...

domingo, 1 de mayo de 2011

Trueque enfermo

Surgió de entre la agonía y las gotas de dolor que resbalaban por su frente. Ojalá no hubiera sucedido. Todo ocurrió al escuchar las palabras abrumadas y cubiertas de miedo de un hombre: “no quiero que mueras, yo doy mi vida a cambió de la tuya”.

“Cobarde” el ya mutilado eco que rasga sempiterno los muros de la nada.

miércoles, 19 de enero de 2011

Cosas del tiempo y cosas de principiantes


11:40 a.m.
19/enero/11


Y es que nosotros no matamos el tiempo,
el tiempo es quién nos mata.
Nos cruje en los huesos,
se nos mete en las entrañas,
nos desbarata a cada tic-tac.                                                                                            tic…
Cada segundo se consume en nuestro cuerpo.
Y es que no es realmente que exista el tiempo,                                             tac…
sino más bien, son los cuerpos táctiles, los que se desmoronan,                                           .
los que arden, los que se empolvan,                                                                          .
los que se funden en la eternidad, en la nada,
ellos, solos y moribundos los que han inventado las horas, los segundos        .
para saber cuando nos acabará la muerte, la que hay en nosotros,
la que nos deja a la deriva,
para tratar de aproximarnos a nuestro esquelético panorama de vida .                              s
                                            
Es el tiempo, el tiempo, el tiempo que hemos inventado; cuerpo y alma
Ése, el único y real. El único que nos consume, el que derrite nuestro cuerpo,
que lo quema en aras del silencio,
que lo acuchilla con sus tranquilas manecillas,
con su dictador tic-tac.
El único capaz de hacer vagar a las almas
arrancándoles el peso de los cuerpos                                                                                  e
¿Y qué más da? si no es culpa del tiempo sino de los cuerpos
                                               Inocente del tiempo; al que llamamos tiempo.

El tiempo, es capaz de hacer vagar a las almas.
Como aquéllas que andan errantes en el universo,                                                     g
aquéllas para las que el tiempo parece lejano
que andan en busca del sol para saber cuando es día y cuando de noche.
Andan tras del tiempo para poder agotarse, consumir su piel, sus sesos, su ser.      u
Errantes tras eso que llamamos tiempo. 
Tras aquello que no tienen, tiempo.                                                                                   n
Aquel que le envidian a los cuerpos, tiempo.
Tiempo que termina en muerte,                                                                                         d

tras esa esencia putrefacta que nos quema
a la que hemos llamado tiempo y que en realidad es el verdugo de nosotros,                 o
de nuestro cuerpo.
En realidad, tiempo, es sinónimo de muerte,
muerte; la expiración de nuestro cuerpo.
                                                                                                                           
Lo llamamos así para creernos un poco más poderos de lo que somos,
para fingir que podemos matar el tiempo.
Para no sentirnos tan pequeños,                                                                                          s
¡Ah! Para creer que nosotros llevamos el tiempo y no él a nosotros,
que lo portamos en nuestra mano izquierda…
                                                                                                                                             
¿Cómo si de verdad pudiéramos?
¿Cómo si de verdad pudiéramos?

Hacemos la ofensiva pregunta:
…¿Qué tiempo traes?...
            Cómo si fuéramos capaces de portar el tiempo,
                        de añejarlo en un escuálido objeto de un centímetro                 s 
                                 de un centímetro                
                                            de simples manecillas 
                                                                 de sonidos chillantes
Tratando de ignorar que el tiempo lo cargamos en las entrañas                                          
y no en una insignificante medida que jamás se calla.                                                     s

El tiempo se deshace en nuestros dientes,
se nos queda en la piel.                                                                                      .
El tiempo se nos clava en los pensamientos,
se nos va deshaciendo entre las manos.
El tiempo arde en las mejillas.                                                                              .
El tiempo no existe.
El tiempo lo llevamos en nosotros,                                                                                   .
pero ¡ah! ¡Cómo arde el tiempo! 
12:40 a.m.
El tiempo se me queda en los labios, en los dedos.
El tiempo se me clava en la piel. El tiempo se me teje
en las entrañas. Maldito sea el tiempo que no existe.

Gracias por ésto.